• Padre Carlos Padilla

En Adviento Dios viene a decirme algo y yo estoy distraído/ Reflexión P. Padilla

En el adviento Dios viene a hablarme. Quiero escuchar su voz sin palabras. Una voz que penetra mi alma y me posee. Una voz que me dice lo que tengo que hacer. Es el adviento un tiempo de escucha. Dios viene a decirme algo y yo estoy distraído, pendiente de tantas otras cosas. Me preocupan más los regalos que tengo que comprar, o las posadas que hay que preparar. Vivo de un lado para el otro. Quiero llegar a todo, pero no lo consigo. Y me falta el silencio dentro del alma para escuchar.



Me atrae ese silencio buscado y deseado. El silencio de los que callan para estar con Dios. El silencio como ausencia de ruidos y palabras, de gritos y reclamaciones. En el silencio me siento incomodo. Pierdo la paz y siento que no puedo caminar seguro. El silencio es lo más contrario a mi forma de vivir. Vivo lleno de ruidos. Música, conversaciones, redes sociales. No me callo por dentro y tampoco por fuera. Hablo, grito, pido, suplico. No logro calmar la velocidad de mis pensamientos.


Me creo que mi vida se juega en lo que hago, en lo que digo, en lo que consigo, en lo que me resulta bien. Entender que el silencio es fundamental para mi alma me resulta extraño. Quisiera hacer mucho más por los demás. Y siento que estar en silencio es una pérdida de tiempo. Faltan palabras de consuelo y esperanza. Quiero gritarlas para que el mundo las oiga.





Estar en el desierto es como vivir abandonado, como esa barca en el dique seco que no sale ya más a pescar. El desierto es lo contrario de la vida bulliciosa que busco cada día.

Me gustaría ser capaz de adentrarme en el desierto de mi alma. Calmar los gritos. Apaciguar mis ansias de lograrlo todo. Perder más el tiempo con Dios. El desierto exige que me despoje de miedos, de ataduras, de adicciones y dependencias. El desierto no es atractivo. Faltan risas, gritos, presencias, voces. El silencio es soledad, es dejar de buscar para esperar a que me llamen. Es dejar de correr en cualquier dirección para esperar a que me digan cómo siguen mis pasos. El desierto es ausencia de decisiones esperando la decisión que pueda cambiar mi vida. El adviento es una oportunidad para ir al desierto en busca del silencio. Me pongo en camino.

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