• Padre Carlos Padilla

Estoy tranquilo al revestirme de ceniza. Soy polvo, soy tierra, soy barro, arena de una playa.....

La ceniza me recuerda que la vida comienza desde la muerte. Que tengo que morir para que haya vida eterna. La última palabra no la tiene el vacío sino la voz de un Padre diciéndome que me ama y su risa inagotable sosteniendo mi llanto. La ceniza es ese beso de Dios en medio de mi vida, devolviendo la sonrisa a mi rostro sombrío. Sé que la tristeza no es el punto final sino el punto inicial de un nuevo amanecer. Como la noche es el preludio de la luz de un sol que quema mis días.



Las cenizas son los restos de esos ramos de olivo con los que aclamé feliz a ese Jesús que entraba glorioso en Jerusalén. Salgo con la cruz bendita coronando mi frente. Me dejo marcar, señalar como cristiano. Comienzo cuarenta días de camino desde el mismo lugar de la muerte. Las cenizas me dicen que soy polvo y que estoy llamado a la vida eterna. Que tengo que recorrer un camino de cuarenta días de la mano de Jesús para no alejarme de la meta, del destino que siguen mis pasos.


Estoy tranquilo al revestirme de ceniza. Soy polvo, soy tierra, soy barro, arena de una playa bañada por el mar. Estoy hecho para el cielo. No soy un ciudadano de este mundo solamente. Soy hijo de Dios, ciudadano llamado a vivir en las alas de los ángeles. No me turbo, no me desaliento. Salgo feliz con la marca de ceniza que me anima a descubrir el sentido de mis pasos. Jesús me besa en la frente y me dice que mi vida es preciosa. Y me deja el aliento de su vida entregada sin miedo.



Para seguir a Jesús tengo que dejar mis miedos, lo que me pesa, mi orgullo, mi vanidad, mis dolores y mis penas. Y tengo que cargar con mi humanidad herida, con el dolor que llevo dentro. Dejo el miedo a un lado. Estoy tranquilo pensando que la vida es larga, no tengo miedo. Comienzo este camino unido a ese Jesús que quiere morir y vivir conmigo. Eso me alegra, no estoy solo. En mi pobreza de ser polvo, ceniza, tierra camino hacia Dios de su misma mano. En su misericordia me levanto para comenzar estos días sagrados. Feliz de sentir que su gracia me sostiene.

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