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Cuaresma y Covid19, no por casualidad...


Queridos amigos


El Evangelio del primer domingo de Cuaresma es dramático (Mt 4,1-11). Son las tentaciones del demonio en el desierto. Algo que uno no le desearía a nadie. Después de 40 días sin comer, Jesús es tentado para que transforme una piedra en pan. En otro contexto transformará agua en vino. Después de 40 días bajo el sol y la aridez del desierto, es tentado para dejarse sostener suavemente por ángeles. Sabemos que Jesús conoce a los ángeles, sabe dónde actúan y qué hacen. Después de 40 días en el desierto en que descubre y profundiza que su misión divina pasa por la humildad y la humillación, es tentado y se le ofrece el poder de controlar todos los reinos del mundo si adora al demonio. Y sabemos del poder de Jesús, que siempre ejerció para el bien; entre otros, para expulsar demonios de la vida de las personas. Jesús supera la prueba y la tentación.


El Evangelio del Miércoles de Cenizas también es significativo (Mt 6,1-6.16-18). Nos invita a las tres clásicas prácticas de Cuaresma: el ayuno, la penitencia y la oración. Si nos damos cuenta son prácticas para combatir las tres tentaciones del desierto: el ayuno y la capacidad de renunciar a los alimentos nos fortalece frente a la tentación de querer cambiar la piedra en pan; la penitencia, que consiste en hacer sacrificios y optar por incomodidades, nos fortalece frente a la tentación de querer vivir siempre una vida placentera… o una vida llevada por ángeles, sin ningún dolor ni dificultad. La oración, que consiste en un permanente diálogo con Dios Padre Bueno, nos aleja de la tentación de querer mandar a todos los demás, de ser el amo de las personas y querer que hagan lo que nosotros queremos, para aprender a servir humildemente a partir de lo que somos.


Estamos en este tiempo litúrgico de Cuaresma no por casualidad. En estas semanas en que vivimos el drama de la pandemia del Covid 19 estaremos muy tentados. Las tres tentaciones que padeció Jesús, las sufriremos también nosotros:

Convierte esta piedra en pan (Mt 4,3), o mejor dicho, llévate todo lo que puedas del supermercado; no dejes nada para los demás; asegúrate para ti y los tuyos, que eso basta, que los demás se tendrán que arreglar por su cuenta. Así se actualiza la tentación del desierto de hace 2000 años. Y se nos podría olvidar que estamos invitados a hacer ayuno, es decir, a comer lo necesario para nosotros, e incluso un poco menos durante este tiempo, para que todos podamos alimentarnos.

Tírate de este lugar alto (Mt 4,6), pues vendrán tus ángeles y no te dejarán caer, o mejor dicho, sale de tu casa, que no te pasará nada, al menos no a ti, que eres fuerte y joven; aprovecha de hacer este o este otro trámite ahora que no hay nadie en las calles. Así es la tentación del demonio a Jesús que se repite hoy. Y se nos olvida que la penitencia consiste precisamente en una incomodidad y una renuncia por amor a los hermanos.

Si me adoras te entregaré todos estos reinos (Mt 4,8-9), o mejor dicho, aprovecha este tiempo para ver todas las series que te faltan, pero no reces tanto; aprovecha de avanzan en tus trabajos y estudios, pero no reces tanto, no es necesario; aprovecha ahora que tenemos mejor internet para descargar mil cosas, pero no te preocupes de tu vida espiritual. Así se ve la tentación del pasado en el mundo moderno del siglo XXI. Y se nos olvida que es un tiempo para conversar más con Dios; aprovechar de preguntarle cosas importantes de la vida; volver a él, que nos espera con cariño. Es un tiempo para rezar más, pues como decían los monjes del desierto de los primeros siglos de la Iglesia: “si quieres rezar mejor, reza más”. Es un tiempo para rezar por nuestras autoridades y no dejarlas sin el apoyo de nuestra oración. Así cumplimos el consejo de San Pablo: “Ante todo, te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los soberanos y por todas las autoridades, para que podamos disfrutar de paz y de tranquilidad, y llevar una vida piadosa y digna” (1Tim2,1s).



Digámosle a la Santísima Virgen María, Reina y Patrona de muchos países, que nos ayude a vivir con radicalidad esta Cuaresma para que todos nuestros esfuerzos y oraciones aporten al bien de nuestro mundo, a las decisiones de nuestros gobernantes y a la solución de esta crisis.


Y digámosle:


“Aseméjanos a ti y enséñanos a caminar por la vida tal como tú lo hiciste:

fuerte y digna, sencilla y bondadosa, repartiendo amor, paz y alegría;

en nosotros recorre nuestro tiempo preparándolo para Cristo Jesús.”


Y también:


“Acepta que te proclamemos Reina del Universo;

enciéndenos en un ardiente amor por ti;

haz que inflamemos al mundo entero en tu servicio

para que todos los pueblos

encuentren el camino seguro hacia la Patria.

Tu santo corazón es para el mundo

el refugio de paz,

el signo de elección

y la puerta del cielo.”


Que tengan un lindo y santo viernes de Cuaresma, y perdonen lo largo de la reflexión. Bendiciones.

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