• Jorgelina Jorda

2° Charla de Adviento ¡Salgamos al encuentro! / Predica Padre Joselo



¿Qué significa ir nuevamente al encuentro? El pasaje de la multiplicación de los panes que nos relata Mc 6 nos puede ayudar a profundizar. Jesús realiza el milagro de saciar el hambre de miles de personas, al menos más de cinco mil. Esto, después de haber saciado su hambre espiritual, enseñándoles. Ese milagro tan conmovedor y tan potente requiere de algunas condiciones comunitarias importantes. Por una parte, se le pido a la multitud que se ordene en grupos de 50 y de 100. Se les pido que formen comunidad. En esas condiciones Jesús realiza la multiplicación del alimento. Por otra parte, Jesús necesita de otra comunidad, más pequeña, pero más íntima, sus discípulos, para llevar a cabo el milagro. A ellos los pone a prueba con muchas preguntas y exigencias, que harán que sus seguidores cercanos pasen de la primera actitud de desentenderse (“despídelos”), a una segunda actitud de quejarse (“¿vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?”), hasta llegar a la verdadera actitud de la comunidad cristiana, que es el compartir (aquí hay algo, cinco panes y dos peces) y el servicio (sirvieron el pan y los peces, y recogieron las sobras en canastas).


En estos dos grupos de personas nos podemos reconocer. Jesús nos pide reunirnos y exige de nosotros algunas actitudes. Nos pide volver a encontrarnos para recibir su don, su alimento, o para poder ayudar a repartir su don, su alimento. Jesús nos bendice con el alimento necesario, tanto espiritual como físico, cuando nos encontramos en comunidad de corazones y de servicio. Por eso Adviento es tiempo de llamar por teléfono, escribir a los seres queridos, encontrarse con la familia, visitar a los enfermos y los abandonados, también entre nuestros amigos y parientes, agradecer por los regalos, ayudas, cariño de muchos. Así la bendición de la comunidad nos permitirá arrancar de nuevo con un corazón recargado de paz.


San José, el padre de Jesús, tuvo que volver a su casa y a su familia. Así nos lo relata el evangelista Lucas en el capítulo 2 de su Evangelio. Lo hizo exigido por el censo del emperador. Como fuera, partió a Belén, con María y el niño en su vientre. En la ciudad de David su señora dio a luz a su hijo primogénito, lo que significó para la Sagrada Familia un nuevo comienzo, un arrancar de nuevo, una novedad, que si bien se venía preparando por meses, cuando llegó, llegó con toda la fuerza y la alegría que solo el nacimiento de un niño puede traer. Así también quiere ser en nuestra vida en este fin de año. Señor, te pedimos, ayúdanos a arrancar de nuevo.


Por nuestra parte, nosotros volveremos al hogar, volveremos a encontrarnos, haremos todo lo posible por preparar adecuadamente la primera gran fiesta litúrgica del año en la Iglesia, la Navidad. Regálanos tú el don de poder salir renovados.

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